El capítulo desaparece en:
Nací con un defecto de fábrica y me pasé treinta y dos años disimulándolo
Nací con un defecto de fábrica y me pasé treinta y dos años disimulándolo
Hasta que descubrí que ese “defecto” era en realidad una ventaja que me ayudaría a escalar cualquier negocio.
Y que la gente estaba dispuesta a invertir para aplicarlo en el suyo.
Se llama síndrome de Asperger.
Lo sé, suena a limitación.
Y lo es en una cena.
Donde soy incapaz de mirarte a los ojos mientras hablas y todo lo que me dices lo interpreto de forma literal.
Pero, a su vez, es el motivo por el que detecto patrones repetitivos donde otros solo ven una simple casualidad.
Mi cerebro no puede parar de hacerlo, ni cuando me conviene.
Y sí, hay mucha gente con ásperger.
Lo extraño no es eso.
Sino lo que llevo haciendo con él desde hace seis años.
Detectar patrones en negocios que no terminan de despegar, hasta que dejó de ser algo que hacía por puro instinto y lo convertí en un sistema validado por más de 5.000 clientes.
Y esta misma habilidad, aplicada al tuyo, determina si repites tu techo de ingresos otro año más o lo rompes:
Mi libro con Grupo Planeta
Consultoría estratégica
